Carne nueva, carne de niño, carne rosa, carne naciente,

Carne símbolo de amor, carne símbolo de esperanza,

Carne virgen, tierna carne, pálida, cálida, inocente,

 

Es por ti que tomo, tímido, el incensario

Que pondrá sus perfumen en el umbral de la vida

Donde tus ojos van a abrirse y mirar sin ver.

 

¡Carne blanda, informe aún, láctea, indefinida,

Que la madre estrechará en un gesto ferviente,

Que fue su razón, su amante, su ansia!

 

¡Cosecha misteriosa en tierras de la nada,

Carne surgida a las claridades, planta púrpura, abrazada

Y extendiendo hacia el cielo sus palpitantes ramas!

 

Carne que los artesanos festejan a su llegada,

Amoldan con sus manos, riegan con felices llantos,

Carne débil, gemebunda, carne temblorosa, carne desnuda,

 

¡Carne que retiene los ojos, los labios y los corazones!

¡Carne que se pliega bajo su peso, carne muda, sorprendida,

Carne que hizo el sol con la carne de las flores!

 

Pareces aquí abajo de una caricia nacida

Y crecerás largo tiempo…

A los veinte años

Una voz te dirá: “Ven, sígueme…

Mata

o Muere…

La plaga de Barzun

[Aparecido originalmente en La terrestre tragedia y reproducido por la revista de la Asociación Médica de París, 1925. Traducción: Carlos Estela]

 

 

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