foto por Rocío Fuentes
foto por Rocío Fuentes

Último día de feria. Antes de partir al sexo del mundo: Puno. Tres cuartos de hora para conversar sobre Jorge. Un desencuentro, un ausente; sólo Víctor y yo. El solo hecho de invocar su nombre llenó de luz la sala. Un hilo invisible como una hermosa ruta de elocuente algodón Chancay, tan invisible como tal, nos atravesó. Recordamos su dimensión polifónica como artista como ser humano, budismo, nudos, san juan, el amor, el mar, la soledad pero la presencia, lima/perú, su humildad, su eterna juventud, ética del artista, su curiosa manera de estar en el mundo con todos y lejos de los reflectores -subterráneo y potente como todo nuestro mejor pasado- siempre allí para todos nosotros… y este breve fragmento de una de sus maravillosas cartas que resume el rito:

 

…el tema del encuentro es en verdad uno de los grandes temas uno de los que más me apasionan hay en esas llamadas coincidencias una ecuación cósmica que me sobrecoge y al mismo tiempo una suerte de divino ludismo que juega con nosotros con las cosas, con los astros con los átomos y con todo el universo ¿por qué existe la vida en lugar de nada? ¿por qué las medidas del planeta tierra la distancia del sol y de la luna la gravedad y la edad de nuestro mundo son los que son y no otras? Bastaría una mínima fracción de segundo o de milímetro más o menos para que la vida sobre la tierra no existiera así sucede con nosotros con nuestros encuentros con nuestros afectos con nuestros ensueños (las entidades más profundas y más frágiles del mundo) con nuestras pobres y maravillosas vidas personales la mágica danza de lo creado ha previsto incluso el caos y la incandescencia original a la que todos tentamos de volver a través de nuestra danza (la vida de los días es una danza sin fin que sólo termina cuando se acaba la música o también cuando perdemos el ritmo de las cosas)…

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