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Lope, mi muy Perú Bú, Aguirre a trotes, entre troncos a garras, pisando tinyas, oropéndulas, cohítis de la mano del Doctor Gran Retruécano, vulcanizador callaíno, amo de los tambores de agua donde hundíanse regocijadas las cámaras perforadas. Este Retruécano junto a nuestro padre, aunque la historia oficial no lo consigne, fundó otrora la Nueva Guarida Chalaca apoyada expresamente en la trompeta pilar de Perú Bú, padrenuestro, aquella que levantaba entera el río de granos que dejasen los trailers sobre el asfalto, picoteados por pirañas para abrirle paso al cortejo de buques vencidos y desvencijados, con la proa baja, que atravesaba República de Panamá, con el puñal en la espalda, ojo enrojecido…

Guarida y gloria del Guante que golpe (¿bus?), cosía, estudiaba sin prisa los pasos, las poses, el sordo actuar vil en las esquinas porteñas signadas por humo, bruma & maña. Sus cuatro manos metálicas unidas para siempre en conjuro musical lustrosas  de oro, lustrosas de plata – bautizadas en alguna cocha transportada desde altura -empuñaron punzón, ganzúa, botella rota, bajo sus lenguas ocultaron también semibrillantes navajas afiladas como su verbo demoledor, real armamento que mantenía a raya y punto más el aceite sanador de la trompeta perubólica, más neumáticos negros pulmonares liberando aros como un quebrar de huesos.

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