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Algo mágico embargó a Domingo al llegar al aula donde debía arrancar su participación en el Primer Festival Literario del Callao, realizado en el Colegio Callao, este 31 de octubre de 2013. Aquella puerta metálica sostenía un dibujo a mano del poeta iqueño y daba la bienvenida al salón que llevaba su nombre completo: Domingo de Ramos.

Este primer festival ideado, impulsado y realizado por el incansable profesor chalaco Julio Atencio fue intenso, fervoroso, feliz como todas las actividades a las que Julio nos tiene acostumbrados. Todavía recuerdo cuando el año pasado irrumpió (y utilizo esta palabra porque se trató de una hermosa embestida) el auditorio de la Universidad del Callao donde se reunían algunos de los poetas convocados para el I Festival Internacional de Poesía de Lima. Llegó flanqueado por muchos de sus alumnos más pequeños quienes portaban pancartas de bienvenida a nuestro primer puerto, vivas, odas a la poesía.

Así piensa este profesor que debe ser el encuentro con la poesía para los estudiantes. Frontal, sin tapujos, sin preguntarse “¿Entenderán los pobres chicos lo que quiere decir el poema?” “¿Será conveniente tocar el tema que aborda este texto en el aula?”, entre otras tonterías que ensanchan el abismo entre la literatura y la vida. No se equivoca. Este año decidió hacer su propio festival y fomentar un encuentro más cercano aún entre autores y lectores.

¿Podemos trasladarnos imaginariamente a ese 31 de octubre robado al Halloween? Días antes, la juventud chalaca que luego nos recibiría, acompañaría (e incluso alimentaría), dibuja, escribe, recorta, elabora estos preciosos afiches que recibieron a los visitantes desde el óvalo de Guardia Chalaca hasta las mismas aulas, reproduciendo el rostro, la biografía y los textos de autores peruanos entre los que se encontró Domingo. Puedo asegurar que el vate sintió algo hermoso en el pecho al ver su rostro en carboncillo, el recuento de sus obras en el muro, el célebre poema chacalonero reproducido por el puño de algún joven porteño que llegado el momento, pudo tener en frente al creador, interrogarlo, pedirle un autógrafo.

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Sin duda todos quienes participamos de esta fiesta guardaremos un recuerdo imperecedero de estos momentos tan sinceros, apasionados, constructivos. Recordaremos que fuimos testigos un verdadero aprendizaje y que esto siempre supone un encuentro entre personas, un choque cósmico de fuerzas humanas que la poesía, tercamente, mantiene vivas.

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