Quién yo sino tú, demonio del Oro, misio semejante apenas mío… Botando fuego hacia la trompeta que es tu antebrazo izquierdo. Doble metal día / música noche… “Renacer es fango hecho funky” susurraste al oído de “Él” Contrabajo. “Somos cuerda y vientos” –contuvo el otro. Las negativas eran ácido para y por Perú Bú, mi solo, mi único, bruto que no sabe más menester que soplar y sanar con matemática para oídos, tensión de espíritu pitagórico que congelo tu dorado para hundirse en tu mismo delgado intestino de intensivo instinto forjado a mil grados gordos del norte alabados del maíz, de la guerra como si el tiempo en que tocaras pututo y no la Gran Trompeta del Jazz, ahora oxidada en aquel miembro superior izquierdo inclinado al horizonte que no al sol de otrora. Allí, detrás, frente a mí, a mi lado das, hundes más encima y vieras, sintieras la comezón en la lengua, en el muñón metálico, la microprótesis sinfónica, alocada y caduca… ahora que estás solo, que estoy solo, que estamos solo… “Él”

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