Cierro mis ojos y pienso en Rosalind Solomon… en una búsqueda incansable a través del globo por tocar aquello de humano que nos resta depositado en las minorías, en los olvidados, en los que van más lento, los que viven diferente, aquellos que aún rinden culto a la naturaleza, los que se encuentran en las alturas del Tíbet o de la Cordillera de los Andes que tanto visitó.  Principalmente la imagino con la cámara al hombro en un recóndito paraje, en un lugar donde el tránsito de la gente le permite observar furtiva cientos de rostros, actitudes, sensaciones… entendiendo el ritmo y la imagen de las personas: retina antropológica.

Emprende sin pestañear gestas enormes y quizás a algunos les sorprenda que una mujer de 82 años mantenga tan intensa actividad pero el paso del tiempo, el cansancio… no atemorizan a Rosalind; no lo hicieron ni el terremoto mexicano del 86, tampoco los terroristas ni los narcotraficantes en nuestro Perú de aquella década.

Solomon posee diversos registros de expresión… instalación, video… de hecho, llegué a conocer su trabajo buscando unas grabaciones de música tradicional andina y me topé con registros suyos (niños que ríen y cantan antiguas canciones) que me abrieron la puerta a videos  como A Woman I Once Knew , que representa para mí una denuncia íntima y pura, incluso una renuncia, contra el destino que el mundo moderno quiere para todos nosotros. Por estos dos aspectos su obra es íntimamente estética. Particularmente veo así al objeto artístico. Otorgarán al menos que considere estos trabajos (no dejar de ver Adiós, microdocumental sobre su instalación que lleva el mismo título) como un cuestionamiento sobre nuestra sociedad occidental.

El mero hecho de decidir registrar lo contrario que el establishment nos manda rezar -por lo pronto, la imagen del otro, sus creencias, sus prácticas-, mostrar cómo viven o sienten los otros en un tiempo en el que se pretende homogeneizar, eliminar los detalles que nos diferencian, en el que se continúa edificando un estándar de belleza único, es bellísimamente dinamitador.

Cierro los ojos; esta es la manera de verla y recibir las esquirlas.

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