Mi pequeño amigo “T” tiene 8 años. Él está estudiando el concepto de familia en el colegio. Le hablan de los tipos de familia, del “ideal”. La familia de “T” no es la ideal; vive solo con su madre, al igual que yo cuando pequeño, lo mismo que Miguel, Ronald, Rocío, muchos, muchísimos.

Cuando lo ayudo a hacer su tarea sobre este tema, más desde mis propios temores y experiencias, trato de consolarlo aún cuando él sigue coloreando con una sonrisa la silueta de su padre a quién ve muy poco. No es ningún drama conversar al respecto, no hay ninguna situación por la que él deba sentirse desfavorecido, extraño. Después de todo, muchas personas le demuestran su amor constantemente.

Siento que hay algo de insensato en abordar el tema de familia como veo que se hace en la escuela. ¿Es conveniente trasnochar la idea de familia Ingalls? Quizás deberíamos indagar un poco acerca del origen de la palabra (famuli=criados, siervos) e investigar un poco sobre el padre romano omnipotente, ciudadano libre del que dependían, como los esclavos, los demás miembros familiares, es decir, como subordinados, como distintos, jerárquicamente inferiores.

Quizás esto haya funcionado para los romanos pero… ¿nos funciona hasta hoy?

Presiento que quizás deberíamos enfocarnos más en el estudio de los vínculos, las alianzas, los pactos sociales (como la cortesía). Lo que quiero decir es que existen relaciones “familiares” que suceden fuera del ámbito de lo que llamamos “familia” y me está resultando un poco limitado. Con los amigos, con los compañeros de trabajo… la sociedad entera, nuestro barrio, nuestra nación debiera ser una gran familia.

¿Por qué no estudiar más “el rol del padre” que la figura biológica del padre? A la mamá de “T” no le queda otra que ser padre también, ella tiene que suplir ese lado vital que nos hace tanta falta en estos días. Esta es una labor que ella, felizmente, no hace sola, sus amigos, los tíos de “T”, sus profesores, la ayudamos. ¿Puede la escuela enseñarnos a ayudarla mejor?

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