No solo en los poemas vive la poesía. También en esculturas, juegos de niños o un encuentro entre amigos. Carlos Estela y Miguel Ángel Coletti, del colectivo Manofalsa, le llaman poesía a todo evento artístico o a la vida misma, y cultivan la poesía tridimensional, para sacar este arte del “gueto del libro”. “La poesía no está solo en los libros, sino también en la calle, bajo distintos formatos que hay que explorar”, sostiene Estela.
Él y su compañero crecieron en el Callao, donde se alimentaron de experiencias que hoy convierten en estos soportes de poesía tridimensional o libros objeto. Al verlos, uno no sabe qué medidas tomar, si jugar con ellos o leerlos.

Estela recomienda las dos al mismo tiempo. Como en “El viaje sin retorno del primo Luk”, de Coletti, dividido en una serie de correos electrónicos impresos en billetes aéreos, que narran la historia de un inmigrante chalaco en Canadá. La obra “Isla”, de Edgar Saavedra, inspirada en la isla San Lorenzo, se compone de poemas escritos en stickers y una
plancha acrílica. El lector termina de construir el objeto al pegar las calcomanías en la plancha, como si dejara indicaciones en un mapa. El cuento “Cara Mujer”, de Dante Castro, impreso en un pliego de papel enrollado, recuerda a “Cinco metros de poemas”, el primer libro objeto peruano, según Estela. Pero considera que desde Carlos Oquendo de Amat sigue siendo difícil llegar a los lectores tradicionales.

 

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