por Carlos Estela

West always says goodbye me hace recordar lo que pienso de los títulos de temas de jazz o salsa… su verosimilitud… la seguridad de que el hombre que ha encontrado esa genialidad en una línea, aquel disparo de gracia en la sien, es un ser que absorbe de su entorno, de la realidad profunda y constante de lo cotidiano, materia prima para extraer nomenclatura tal para su melodía.

Una mano de letras, un puñado de piedras que pueden tirarse abajo un ejército mudo de soldados, que hacen temblar piernas, labios, espinazos de jóvenes en flor, con las que al contacto asentimos rítmicos celebrando la semejanza y alma del ser humanos que hacen crónica de su descubrimiento, su denuncia, su intensidad, su vida.

En el jazz es un K.O. cortazariano, inmediato, que le entrega el poder al fraseo del inconsciente musical. En la salsa el son remese las notas en orales literaturas que destilan toda la verdad de la traición amorosa, de la pasión enceguecedora, del arrebato de violentas callejas, un barrio de necesidad y las estrellas que no lo abandonan; palabra, sonido repleto del gozo que música y cuerpo dan a la armonía universal, el alma del mundo que trasciende el entretenimiento, que propicia fecunda felicidad.

Vuelvo agradecido al bajo de Haden, a su Oeste evasivo, su nombre oracular, vespertino, atonal.

Anuncios