Gobiernen el imperio como quien cocina un pequeño pez.
Lao Tsé

De tiempo en tiempo este ser submarino que es vuestro se pregunta por este constructo occidental que los atenienses llamaron Política. Intenta comprender sus jugos gástricos y escorias pero apenas en la puerta abandona la madeja y recoge el poema para vivir/sobre bajo su piedra sin escafandra. Hoy, sin embargo hunde pluma en su tinta ante este evento sin precedentes que  se ha cocinado en conjunto.

Como estalactitas sin nombre nos hemos sumado en torno a la fuerza de Susana porque es su faz la que representa el anhelo femenino que requiere hoy más que nunca nuestro mundo. Veo en Susana la naturaleza misma de la Mujer: compasión, pasividad, intuición, fuerza, fuerza, fuerza como la de una selva pródiga. Ella implanta el juego de la mujer hecho de sonrisa y temple que no pisa el palo de ese “macho” que representa su oponente fálico: Lourdes, quien por su parte ha secado su sexo, su libertad, su ilusión en aras de este orden maldito que se está terminando, este orden de occidente que solo viola, que toma, que destruye, que patalea lleno de rabia y con el estilo que nos convirtió en esclavos hace más de quinientos años. Lourdes representa todo lo que odio de esta ciudad virreinal: la iglesia, la retórica, la intolerancia, el banco, la ficción banalizada para hipnotizar y robar.

Si este domingo este orden continúa imponiéndose con su acostumbrado ejército de armado por los payasos de los medios, los señores feudales y búfalos de estampida todos valientes vendidos capaces de tergiversar, amañar, alterar, sepamos que la lección de Susana será preservada.

Quiero pensar que este es solo el principio, que alegremente se nos ha devuelto la esperanza de que nosotros quienes nos sentimos más cerca de la tierra, quienes respetamos al otro y confiamos aprender de él y anhelamos el trueque podemos ser representados, que no estamos solos, que vale la pena, como en las comunidades andinas, rotarnos representatividad y responsabilidad para construir juntos el lugar que queremos exterminando esta clase sin clase política que es nuestro gran karma platónico, tal vez al margen del metal maldito que domina las mentes de este mundo.

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