PatanjaliNosotros hablábamos de la semejanza que existe entre el Yoga y el psicoanálisis. La comparación puede ser hecha, en efecto, con algunas reservas, todas a favor del Yoga. A diferencia del psicoanálisis freudiano, el Yoga no ve en el inconsciente únicamente a la libido. Él pone en efecto al día el circuito que une consciente y subconsciente, lo que lo lleva a considerar al subsconciente a la vez como matriz y como receptáculo de todos los actos, gestos e intenciones egoístas, es decir, dominadas por la “sed del fruto” (phalatrsna), por el deseo de autosatisfacción, de saciedad, de multiplicación. Es del subconsciente que viene y es al subconsciente al que regresa (gracias a las “siembras” kármicas) todo aquello que desea manifestarse, es decir, tener una “forma”, mostrar su “poder”, precisar su “individualidad”.

Siempre en oposición al psicoanálisis, el Yoga cree que el subconsciente puede ser dominado por la ascesis e incluso conquistado, a través de la técnica de la unificación de los estados de consciencia, de los que hablaremos en seguida. La experiencia psicológica y parasicológica de Oriente en general y del Yoga en particular, siendo incontestablemente más extensa y más organizada que la experiencia sobre la que han sido edificadas las teorías occidentales sobre la estructura de la psique, es probable que, sobre este punto también, el Yoga tenga razón y que el subconsciente –tan paradójico como puede parecer- puede ser conocido, amaestrado y conquistado.

Mircea Eliade. Patanjali et le Yoga. París, Éditions du Seuil, 1976.

Traducción del francés por Carlos Estela
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