maquinaEl Museo de Arte Moderno de Nueva York ha inaugurado recientemente su serie “Performances” con una instalación sobre Cage Piece, la primera performance del artista taiwanés Tehching Hsieh.

Es un poco difícil de creer pero Hsieh pasó un año entero (1978-1979) encerrado en una jaula dentro de su estudio sin hablar, leer, escribir o ver televisión, alimentado por un amigo. Este fue el principio de una serie de obras parecidas. Entre 1980 y 1981 para Time Clock Piece, durante cada hora de las 24 diarias ininterrumpidamente, marcó tarjetas como aquellas que sobreviven en algunos centros laborales. El año siguiente decidió pasar un año a la intemperie sin volver a casa, tomar un autobús, entrar a alguna tienda, etc. Luego, entre 1983 y 1984 se amarró con una cuerda de dos metros a la artista Linda Montano sin tocarse. Durante todo el 85,  desarrollando No Art Piece evitó hablar, ver, leer arte, incluyendo visitas a galerías y museos. Después de estos cinco años continuos de performance inició el Plan de 13 años que consistió en hacer arte durante todo ese tiempo y que finalizó en 1999.

En sus declaraciones dice que la mayoría de su trabajo trata la lucha en la vida: frente al encierro, frente a una actividad mecánica, frente a la intemperie o, atado a una mujer todo un año, frente a la presencia constante de otro ser como su sombra. De alguna manera, al infringirse metódicamente esta serie de castigos extensos, Hsieh me recuerda el episodio en que el príncipe Siddharta se encuentra con 4 personajes que despiertan su búsqueda espiritual antes de convertirse en buda. El enfermo, el anciano y el muerto le muestran las dimensiones del dolor y el último, un ermitaño libre de todo deseo que mendiga su comida diaria, le muestra el camino que debe seguir. Sin embargo, para Hsieh no se trata de masoquismo, se trata simplemente de su trabajo, enlazar vida, experiencia y arte.

Creo que Hsieh ha trabajado eliminando los límites que la sociedad en que vivimos ha creado entre el arte y la vida. Frente al desarrollo de estas prácticas tan metódicamente durante tanto tiempo, por un lado y por el otro, entrando y saliendo del sistema del arte y de la vida pública durante casi veinte años, uno se convence de que no hay un momento en que Hsieh deja de ser artista. No se puede negar que decidir pasar un año de nuestras vidas marcando una tarjeta 24 horas durante 365 días podría parecer absurdo, en una época como esta donde los segundos son contabilizados estrictamente pero una cosa es clara: si a Hsieh le hubiesen pagado horas extras, sería millonario.

También me pregunto: ¿no es absurdo que contratemos a personas para que se ocupen de nuestros hijos mientras estamos ocupados trabajando para otras personas y así poder pagarles a las primeras personas? Lo que quiero decir es que lo que hace aquí el artista me parece un gran grito silencioso. Algo así como la senda de la no violencia de Gandhi, un cuestionamiento desde la acción, sobre nuestra conducta diaria de seres humanos, nuestros hábitos, nuestra forma de comunicarnos, nuestro uso del tiempo, etc. La  propia actitud y determinación son, en este caso, la obra de arte.

Ahora nosotros podemos ser parte de la obra de Hsieh a través de internet. Ingresando a la página de turbulence podemos contemplar los videos del encierro de dos hombres, sin embargo, recién luego de un año de observación de la página, los cibernautas podrán conocer las imágenes reales de la obra.

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