Pómac, nombre pétreo, bosque de algaborro, dicen, el más antiguo y denso del mundo.

Con la invasión y desalojo de Pómac no sólo lamentamos la pérdida de dos seres humanos. Pocas personas se han pronunciado acerca del daño ambiental o del deterioro del patrimonio sicán –que podría ser irreparable– a manos de porqueros y agricultores de cebolla.

La Huaca Soledad afectada. También la Huaca Lucía vulnerada, al punto de estar en riesgo el mismo templo. Además, no hay duda de que las otras 32 huacas del complejo metalúrgico más grande de América no padezcan del mismo mal. Este es el peligro de una historia que se borra cada día en el Perú.

Según la opinión de Luis Alfaro Lozano, jefe del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado, tomará 15 años recuperar estas zonas depredadas (hablamos del bosque), zonas que pertenecieron en algún momento a la cortarrama peruana, a la golondrina de Tumbes e incluso otros vecinos felinos y mágicos con los días contados sobre este mundo. 15 años, si las ruinas de este planeta agonizante resisten nuestro brazo estúpido y sádico.

Estos diez mil intrusos talan, cavan, destruyen un territorio que ha sido sagrado para animales y hombres durante cientos de años… ¿quién es el culpable de tanta ignorancia?

pomac

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