entrevista por Bruno Pólack y Víctor Ruiz
a propósito de reciente multiedición de polipoesía: piedra/sangre

Nocturno del Alba, libro que publicas en esta colección, si bien mantiene el mismo lenguaje de Canto de la Herrumbre, encierra una especia de renacer, una especie de explosión, no solo verbal, sino en la importancia de la diagramación y de tipos de letra que, por supuesto, quiere también comunicar algo… primero a la persona con quien dialogas en este texto y, luego, porque con lector… Cuéntanos un poco de este trabajo.

 

Canto de la Herrumbre –por lo menos para mí- ya proponía el espacio como un significante. En Nocturno del Alba sigo esa línea, pero con otros aportes: signos de puntuación y prosa –dependiendo del caso-. Bien dices mismo lenguaje, pero no mismo vocabulario. He buscado otras palabras, otras sintaxis. Siempre depende de la intención, de lo que quiera expresar. Los tipos de letra son parte de la misma expresión, un significante: a veces uno siente cambios internos sin que estos dejen de ser parte de una misma estructura. Por el contrario, a veces son el elemento armónico.

 

Este poemario fue y no concebido. Las ideas me rondaban, pero venía trabajando otros textos. De repente me vi asaltado por un mismo hilo conductor y nació Nocturno… Nuevos sonidos, paisajes, vocablos, texturas, colores, muertes, renaceres, ayeres, noches, texturas, mi país y sus países, soledades… hasta un agotamiento del lenguaje.

                              

En tu obra, ¿existe un diferencia entre el José Agustín de Sociedad Elefante y este, de Canto de la Herrumbre y Nocturno del Alba?

 

Sigo las huellas de mi propia manada unipersonal, ubicua, y por momentos en extinción, sin dejar de ser sociable. Si algo puedo decir es que en SE buscaba… Ahora intento consolidar esa búsqueda y seguir explorando –la reiteración de uno mismo, intento renovarme- y “hayando”.

 

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