palabra desorden de antunes

madrepora:

novedades en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires : edición bilingüe de la poesía de Arnaldo Antúnes por la editorial Caja Negra.

Originalmente publicado en libredelibro:

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Quizás algunos recuerden su voz gravisisísima contrastada con el terciopelo melódico de Marisa Monte en algún tema de Tribalistas. Menos -los mayores- traerán a su memoria los rockeros años de Titas, grupo que catapultó la fama de Arnaldo Antunes fuera de su país: Brasil. Muy pocos conocen su intensa actividad poética incansable y fuera del libro.

Antunes es músico, poeta, performer… una mezcla exacta & alegre de artista que solo puede ser brasilera. En Perú lo conocimos hace algunos años aquellos seguidores de la inspiradora revista Tsé-tsé (Buenos Aires) de Reynaldo Jiménez, a través del legendario dossier brasilero aparecido en su octavo número. Poco tiempo después, Rey me hizo escuchar en su casa algunos discos de Arnaldo y me mostró algunos libros maravillosos. Debe haber pasado más tiempo del que creía puesto que me grabó la banda sonora para un espectáculo de danza del grupo Corpo en un…

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Gabo, el último latinoamericano

Fotografía de Rodrigo Moya

Fotografía de Rodrigo Moya

Ayer leí en el muro de Alicia Meza, a propósito de la partida de Gabo, una sensación que comparto:
“Es curioso, pero creo que si se muriera Mario Vargas Llosa no lo sentiría tanto como siento la muerte de García Márquez. Pero eso es algo muy personal, en realidad.”

Estas palabras hicieron eco en otros lamentos semejantes en las redes. Americanísima saudade porque la despedida se hace con la sonrisa dibujada en gratitud por el amor recibido. De Varguitas diremos que es correcto, efectivo pero seguirá siendo siempre un fútbol del hemisferio norte. Gabo, quien ganó el Nobel antes de que se lo entregaran a Obama, aprendió a contar de anónimos y destiló a partir de ellos un lenguaje para describirnos (que quizás algunos convirtieran en una retórica latinoamericana de lo anecdótico, lo exótico). Varguitas hizo lo propio pero desde el óvalo y la gente lo nota. Tengo la impresión de que es más chamba que genio. Amo sus arquitecturas que me hacen pensar en iglesias del medioevo pero me hubiera gustado menos su alineamiento a la diestra y su consecuente relación actual con el mercado del libro. García Márquez no se avergonzó de su terquedad y eso lo hace tan nuestro. Imagino que cualquier fulano o mengano hubieran querido tomarse unos tragos con él. No sé qué habrá pensado de Arguedas pero sospecho que no lo hubiera calificado de arcaico.

Porque Gabo fue de verdad, creo, la gente lo llora cantando hoy.

Fatídico ambiente literario

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En 2007, entre las esquirlas de las páginas culturales del diario comerciante, una entrevista a Sybila Arredondo*, la última pareja de Arguedas. El entrevistador -un viejo desde el vientre- muy interesado en sustantivos propios, pregunta: ¿Quiénes diría usted que eran sus mejores amigos del ambiente de la literatura?

“Ambiente de la literatura” se fija en mi mente y casi puedo escuchar una voz grave, pastosa salir de una boca que huele a formol y sahumerio. Ante esto, la jugada limpia, calmada y sencilla de Sybila quien le suelta un poco de la “carne” que alimenta al periodista, los nombres literarios, pero también de científicos sociales, lingüistas, educadores PERO, revueltos, los músicos y qué músicos, contracadémicos: Máximo Damián, Jaime Guardia… a quienes admiraba y de quienes fue amigo Arguedas.

No podemos negar la legitimidad de su curiosidad, sin embargo, me hubiera gustado que le preguntase una de estas: ¿Por qué cree usted que la obra y la figura de Arguedas no ocupa la dimensión que verdaderamente posee? ¿Por qué no existe un busto en alguna avenida que lleve su nombre (actitud que tanto le ha complacido a este país para recordar lo ¿memorable?)? ¿Qué clase de mezquindad o de interés ideológico o político persiste para evitar que el año de su centenario no sea consagrado oficialmente a su nombre? ¿Por qué el “ambiente literario”, que los intelectualoides contra los que habla Reynoso insisten en mantener, no acepta que no ha habido trayectoria literaria parecida en nuestro país que culminara, como la arguediana, en un maravilloso desafío estético y social como El zorro de arriba y el zorro de abajo?

*En: “El Dominical. Suplemento de El Comercio” Lima, 27 de mayo de 2007.

ubicación del gesto por César Miro

… y acorde final con las seis voces sonoras de la guitarra limeña afinada entre dos manos ardientes; árbol de savias tibias y nido hondo para el sueño de los gorriones enamorados del alba. Acorde con la octava alta que marca el índice aprisionando el mástil como un puente de sangre encendida, puente idéntico al que salta la guitarra dislocada del río para transportar sus voces hondas de naranjos y de malvas. El río es la guitarra templada para el seis por ocho de marineras y festejos; la voz de arcilla y de metales agudos, va orillando la fiesta que danza su danza en el “palmero, sube a la palma”, en el “romero, santo romero”, en la aclimatada saña norteña que tiene sabor de amanecer galaico, de copla que repite: “al undeiro le da… al undeiro le da…

                                                                   * * *

Las palabras quieren traducir el contenido, la esencia del gesto. La búsqueda del perfil propio va dejando una estela de emociones, una ráfaga de sonidos, de ritmos y en la trayectoria dilatada va quedando el alma viva, el acento inconfundible de lo limeño. Acento definido en el pregón herido de lejanías; en la pupila expresiva de aceites oscuros de la tapada tradicional; en el adobe de las tapias como ríos disecados; en la voz unánime de la muchedumbre desbordando los cauces de la superstición y de la fe; en la hierática tristeza del habitante secular desconcertado de inesperadas transformaciones; en la síntesis armoniosa de dos culturas, de dos sangres, de dos mundos.

                                                                   * * *

Y está el acento en la síntesis, que no en los valores aislados de lo español y de lo autóctono. Está en la confluencia del pasado y del presente, en la forma criolla y mestiza que habla de un idioma propio, distinto y nuevo. El acento nos llega desde el fondo de los siglos y encarna, en transmigración de maravilla, en las voces vivas del presente. Negar lo que se fue quedando atrás es como tener los ojos ciegos para lo que está siendo, para lo que está naciendo con destrucciones y muertes se tiñe la flor abierta donde alienta, anida y se refugia el gesto. La flor que es afirmación y es síntesis. Por eso es válida la conjugación de todas esas voces y aun de la voces remotas que apenas conservan una amenguada resonancia en el tiempo. Y el tambor nervios del caballo de paso, que golpea la tierra como el corazón pequeño de los pájaros, se confunde en la noche con los timbales que marcan su galope sordo desde la colina suave del Campo de Marte sobre la muchedumbre silenciosa, mientras el rasgo nuevo concurre a la definición vigorosa del gesto.

El río hace rodar su rueda de agua desde los cerros altos hasta el mar. Y en cada vuelta de su rueda habla la Ciudad del Rio Hablador.

                                                                   * * *

Los olivares reproducen la densa tonalidad de las aguas profundas, con las mismas sales y los óxidos que medran en la plata vieja. Los olivares de troncos dolorosos tienen la edad incalculable de los metales soterrados bajo los muros donde las penas se duelen de su olvido. En el tronco nudoso, desordenado, arrugadísimo, queda inscrita la partida de nacimiento de la Ciudad del Río Hablador. Verde como la carne traumatizada del Cristo agobiado de ex votos y de púrpuras, la mancha brumosa de los olivares extiende un espejo antiguo donde parecen estarse mirando los siglos. Los olivares son los árboles que nadie ha visto nacer, que nadie sabe cuándo reverdecen, que están siempre viejos, con una senilidad que toca los límites del prodigio hay un aliento de austera y depurada nobleza en esa fronda que es como un humo de piedras, como un rebaño de elefantes dormidos; en esa fronda grave y somera de los olivares que tiene algo de árboles traídos desde la luna y trasplantados y aclimatados sólo en las tierras nostálgicas, en las tierras lunares. Por eso tienen ásperos troncos atormentados y dan un fruto oscuro y amargo, pequeño, nocturno, triste, negación de lo que los demás frutos de Dios representa y sugieren. Y hay un dejo de tierra seca en toda la planta inevitablemente centenaria, un sabor de cielo nebuloso y seco también, de taciturnidad de indio reconcentrado y gitano melancólico. Que por algo vinieron de tierras donde los llevó, a su vez, la morería, con los acentos del “cante” y la sombría adustez de la raza crecida sobre la yerma y parda extensión de las arenas del desierto.

                                                                   * * *

He aquí la síntesis, el acorde, la voz aislada y acaso desapercibida donde se funden todas las voces. He aquí la alegoría, el signo individual que concreta y reúne los otros rasgos, las líneas dispersas del gesto. En el árbol cargado de años está la representación del espíritu y el acento de la sugerencia permanente, algo así como el símbolo totémico de la Ciudad del Río Hablador. El hombrecito anónimo ha visto el árbol, se ha mirado en él como en un espejo de plata verde. El caballo de barro llena el valle de su casco numeroso, de su espuma de sutiles encajes, de su relincho que tiene un sonido de conchas que se quiebran. Y en esa identificación del hombre y el paisaje, en ese equilibrio de los colores y de las formas, del idioma del agua y de los nombres que va diciendo el viento; en esa multiplicidad de ángulos, de latidos, de ritmos que se funden en un solo compás, en una sola voz única y duradera, enriquecida de sus propios ecos, yo encuentro el gesto de mi ciudad.

 

César Miro. La ciudad del Río Hablador. Lima, Editorial Nuevos Rumbos. Col. Escritores de Lima. 1959. pp. 89-93

arpa pura o pura alta

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Mauro Flores Hilario, maestro canteño del arpa, bautizado por Josafat Roel Pineda como QoriMakis (manos de oro) hace un reclamo en esta añeja entrevista para el extinto programa radial Culturas Vivas.

Este miembro del Conjunto Nacional de Folklore de la Escuela J. M. Arguedas donde ejerce la docencia desde los setentas, además de deleitarnos con versiones de clásicos como El cóndor pasa, La flor de la canela mediante sus dedos andinos, recuerda idílico el tiempo en que el arpa brillaba con pureza protagónica.

Hoy es difícil encontrar discos en los que el arpa andina se exprese sola, en toda su dimensión, parece inevitable la intromisión de percusión electrónica o las cuerdas de bajo eléctrico pero también las letras…

Escucha al maestro

Don Mauro se toma unos segundos para dirigir un reclamo mayor, antiguo pero que debemos dejar vivo:
“…nuestros padres de la patria que sufren el síndrome del colonialismo o complejo de superioridad que discrimina nuestra raza indígena, nuestro idioma oficial. Es verdad que da vergüenza.”

Aquí en su blog hay un poco más de información.

*El programa Culturas Vivas fue dirigido por Marino Martínez Espinoza y July Sánchez Fuentes

Potente, breve, serpiente cósmica : BASILISCO / Alfonso D`Aquino

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El verso breve se une a la ola de espuma su prójimo serpenteante latente en piedra bajo tierra carbonizado el avance pero dinámico progreso dinamita de Basilisco que guardo desde que hace más de una década, desde que Alfonso D`Aquino la sembró entre mis libros… cuando nuestros destinos se cruzaron alrededor de César Moro…

Desde allí vuelven los versos niños, duendes, reptilianos latidos como el tambor del centro de la Tierra… su luna me da paz y la lección de lo concreto y como un barniz de pasado, de sabio pasado perenne & probable en el bosque que desde hace algunos años escogió como hogar.

Hoy regresó a esta mano marina este brevario verde escamoso a cambiar probable su piel milenaria mientras devuelvo esta botella repleta de su palabra.

10 (serpigo)

Crótalo atroz
Oculto tras la flor

(Pero también la víbora      se llena de gusanos
las moscas depositan           sus huevos en la herida
abierta de la nube   que nunca cicatriza
las larvas comen hilos         deshacen los tejidos
colgados de su baba                        los gusanos linguales
vermiformes y verdes         invaden sus pulmones
garrapatas y nódulos          filarias en las venas
oclusiones y vómitos            pedacería de estrellas
y la víbora entera     podrigorio del alma
se persigue y no alcanza     ni a tocarse la cola
ni recobra su forma                        ni tampoco su sombra
que en el cielo se bate         en su blanca diarrea
y retiembla la perra                        en su sueño de piedra
si en su boca mordida         azulea mi saliva…)

19

En el vidrio azul
la sombra del niño
se volvió otro niño

Niño con espejo
dando  vuelta al quiosko
entre jacarandas
que el vidrio refleja
aparece un rostro

¿Qué va en el espejo?
Las estrellas… Lejos…

La luna en el agua
el niño la mira
y escupe en el vidrio
y su mano borra
el cielo y su cara

¿Qué ve en el espejo?
Par de ojos tan viejos…

Animal
No hay palabras escupo
La calma de la hoja
Salitre entre las piernas
Esta saliva roja

A tus cuencas vacías
Que nunca se humedecen
Mi saliva se anuda
Sus mandíbulas crecen

Lo mismo dice y calla
Esta saliva espesa
La humedad y el esfuerzo
De una rota certeza

Espejo negro y rojo
En que mi lengua lavo
Te digo           No te digo
Sólo a mi muerte le hablo

Y suben por los árboles
O bajan por mis piernas
Las de fuertes mandíbulas
En sílabas idénticas

Son las raíces rotas
O es la negra saliva
De este animal enorme
Que sólo escupe hormigas

 Alfonso D’Aquino  (Ciudad de México,1959)
Ha publicado los siguientes libros de poemas: Prosfisia (1981, Taller Martín Pescador, Premio Carlos Pellicer), piedra no piedra (UAM, 1992), Tanagra (CNCA, 1996), Naranja verde (Vuelta, 1996, reedición en la colección La Centena, 2002), Briznas (1997), Víbora breve (1999, ambos editados en el Taller Martín Pescador) y Basilisco (Ediciones Sin Nombre, 2001).

Ha participado en varios libros colectivos, entre los que destacan: Nu/do.Homenaje a J. E. Eielson (more ferarum, 2002) y Monogramas (Universidad Veracruzana, 2005). Ha traducido, entre otros, a Kenneth Rexroth y a Forrest Gander, con quien colaboró en un proyecto de traducción mutua. También ha publicado algunos libros para niños, como Luciérnagas (tmp, 1999) y Fauna Mayor (CIDCLI, 2001) y editado varios otros. Desde 1997 es miembro del Sistema Nacional de Creadores, Fonca. A partir de 1999 ha coordinado el Taller de Poesía y Silencio. Desde hace algunos años vive en un bosque en las afueras de Cuernavaca. (fuente original)

El violinista que acompañó a Arguedas (Testimonio de Máximo Damián)

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Yo soy Máximo Damián Huamaní, el mencionado, el que pidió que tocara mi violín en su entierro. Ahí estuve, pues, tocándole Agonía, que es muy triste porque es la muerte del danzante. Huallpa wajai que le gustaba mucho cuando vivo.

El martes 2 lo vi. Teníamos cita en la Plaza San Martín, me estaba hablando de un libro quechua para hacer. En junio nomás, había llegado yo de Huarmillacta, Parinacochas, donde vive pura mujer, nomás. Él quería saber de eso. Interesado estaba. Muy interesado.

Yo llegué a Lima de mi pueblo San Diego de Ishua y a él recurrí, antes del Museo. Yo quería que me pasaran por televisión, él vio los danzantes y oyó mi violín. Nos hizo pasar por el canal de Educación Pública.

El 23 de noviembre estuvo en Balconcillo, calle Esmeraldas, ahí estábamos todos reunidos, los paisanos en la fiesta de San Diego de Ishua, fiesta de San Isidro labrador, el Grande. Con un cubano fue, que era su amigo y un francés y un tal Alejandro Ortiz, escritor decía que era. Ahí bailó don José María el huaino Karamusa que muy alegre es, alegre así, de alegría. Ahí vio a los danzantes ayacuchanos de mi pueblo danzar sobre el violín, sobre el arpa, sin romperlos, así, pies de seda, nomás.

De dónde para saber que se estaba despidiendo, estaba diciendo adiós al huaino. Don José María iba a almorzar a mi casa, a mi callejón de Pueblo Libre, él entraba nomás, qué importaban basura, moscas, pobreza. Comía mucho, almorzaba comida de mi pueblo, San Diego de Ishua, comía patasquita, harto, o tinke, que es un mezclado de habas, alverjas, queso, queso nomás le gustaba. Era bueno el doctor, he llorado su muerte, de a verdad, como lloramos en mi tierra, con lágrimas, no con fingimientos.

Con mi papá también era gran amigo, mi papá también es paisanito, lo llevaba al Bolívar, ahí comían, qué importa que oigan los gringos hablar quechua, hablan fuerte para que todos oigan. Mi papá no tiene noticia de esta muerte, pero lamento habrá cuando lo sepa.

Años, años que me llamaba, me hablaba, ven con tu violín, o yo voy a ir a tu casa, ahí lo esperaba en casa de mi tía Vicenta Santiago que tiene puesto de verdura en Pueblo Libre, yo le ayudo en eso; él quería ponerme  en algún puesto decente, mayordomo no, decía, un puesto, así de trabajador no de muchacho; aquí es muy difícil, injusticias son todas nomás, decía.

Yo ando solo, a veces los paisanos cuando hay fiesta, pero lo más del tiempo, solo, solo como huérfano. Ahí, me iba a buscarlo, nunca me dijo ándate ya, más bien me decía quédate y almorzábamos primero en Pueblo Libre, después en Santa Cruz, al último ya en Chaclacayo, su señora es testiga de sus alegrías, de sus pesares. Una vez estuvo muy alegre, en fiesta de Karguyoc, tomaba chicha con todos, sin escogimientos, contigo salud, con el otro, con los danzantes, con los que le decían salud doctor Arguedas; él tocaba el arpa, se hacía el que le sacaba dulzuras al arpa, mi compadre Guzmán López se reía de sus hechuras de caballero, de hombre bueno, paisano.

He de llevar este luto por seis meses, a la costumbre de mi pueblo San Diego de Ishua, pero qué, con esto no acabará mi pena. He sufrido bastante, he llorado, por qué no pues, él era como una familia.

Ese último día martes 2 que lo vi en Plaza San Martín, me dijo que lo iba a ver el viernes 5 a las siete en Pueblo Libre casa de mi tía Vicenta Santiago. Yo lo esperé con mi violín, quería preguntarme de quechua, harto le enseñé yo cosas que no sabía, quería saber del pueblo de pura mujer, pueblo parinacochano. Estaba ensayando en mi violín aires de danzantes de tijereas, dieron las ocho, las nueve, no llegó. Nunca tardaba, cumplido era él. A las diez mi tía me gritó que apague la vela, siempre tenía pena de mi cuartito ahí en la miseria, se quejaba, decía que así está destinado para nosotros los indígenas. Lo esperé mucho y sentí mucha pena.

Corazonadas, pues. Él no fue porque ya estaba peleando con la muerte, en el hospital. Al otro día, todo fue oscuro para mí, yo era su amigo, su violinista, por qué esa determinación, siento bastante, ahora me pareced que estoy desamparado aquí, solo.

Tomado de Cartas de José María Arguedas a Pedro Lastra. Edición, prólogo y notas de Edgar O´Hara. Santiago de Chile, Ediciones LOM, 1997. Pp.147-148

Mamacha Jesús

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Luego de una noche altiplánica… en el amanecer tardío de algún fin de semana reencontré a Jesús Alegría devorando la manofalsa #2 sentado en el muro del estudio que alquila para enseñar ballet en la ciudad de Puno. Antes lo había cruzado en la Lima que abandonó sabiamente hace ya varios años para instalarse al sur, al pie del lago más alto y dinamitar la escena cultural a su modo. Él me dijo que se consideraba un “agitador cultural”. Yo lo he visto y quiero ser así de grande. Batirse contra los abusos cometidos por las fuerzas armadas, la iglesia, las demás instituciones culturales… Ha invadido las calles puñenas más concurridas con sus personajes e intervenciones y dejado atónitos, curiosos y reflexivos a los indefensos transeúntes. Es organizador del festival de danza más alto del mundo desde su asociación Yanavico.

Antropófago al mango. Primo de manofalsa. Eco prehispánico. Es capaz de soltar a su Miss Proletario en plena fiesta de La Candelaria, más como cuestionamiento que como denuncia porque así entiende que debe ser el arte. El documentalista Raúl Cartagena Chunge acompañó a tal bizarra miss… aquí más de mil palabras…